Sustentabilidad Ambiental y Energética en el Transporte

22 septiembre, 2012

Hemos entendido el verdadero costo de los combustibles fósiles y vemos más claramente que si no se aborda urgentemente el cambio climático y los problemas de suministro energético, el mundo se encuentra seriamente limitado en sus potencialidades de crecimiento, frustrando de paso la promesa de poder dar vida digna a todos sus habitantes o expuesto a impactos dramáticos e irreversibles en nuestro entorno, con una determinación forzada y no deseada en nuestro estilo de vida. El Transporte es el sector que de forma individual más energía consume en el país, representa el 35 % de la matriz de consumo energético, la minería junto a la industria consumen un 36%. Esto en base a antecedentes del Programa País de Eficiencia Energética de la Comisión Nacional de Energía El pasado 6 de marzo, en el marco de las actividades de la Semana Mundial de la Eficiencia Energética, se realizó en el país el seminario: “Eficiencia Energética: Una opción para mejorar la competitividad de las empresas de transporte en Chile”, hubo una gran conclusión, coincidente en todas las ponencias y fue que el sector del transporte posee una enorme capacidad para colaborar con el desafío que como sociedad tenemos en este tema y se sabe bien qué hacer.

Esta capacidad viene dada esencialmente por el enorme peso que el sector tiene en el consumo energético, pero además porque es muy poco lo que hasta hoy se ha hecho al respecto, por lo que, como en todo, las mejoras iniciales poseen grandes impactos en relación al esfuerzo necesario. El desafío está en la implementación y en que los interlocutores relevantes en estas materias se coordinen a fin de apurar la adopción de buenas prácticas en una masa crítica de empresas, que genere el impacto que se espera. Las buenas prácticas existen, la tecnología también, lo que se requiere es que éstas lleguen de forma sistematizada y coordinada a estructuras empresariales.

Por lo tanto, podemos imaginar un mundo que avanza decididamente a pautas de consumo radicalmente diferentes, en el que nuevas tecnologías faciliten el uso de fuentes energéticas alternativas, vehículos eficientes y con bajas emisiones de CO2, edificios ecológicos, exigencias de programas de ahorro energético para acceder a los mercados, necesidad de demostrar estándares ecológicos para poder operar en ciertos ámbitos geográficos o centros urbanos, etc.

Para las empresas de transporte el tema de la eficiencia energética sobrepasa por mucho a la responsabilidad social que como empresas tenemos. Por ser el combustible el principal ítem de costo de este servicio, un programa de eficiencia energética en las compañías de transporte debe estar necesariamente en el centro de su estrategia competitiva y a modo de reflexiones generales puedo decir que en este tema:

Es un desafío Estratégico desarrollar una cultura de Eficiencia Energética en las empresas de Transporte – Se debe avanzar en la profesionalización de las estructuras de gestión de flotas y conductores. Aplicación y explotación de herramientas y tecnologías disponibles para estos efectos – La Eficiencia Energética es una fuente de ventaja competitiva para

El Transporte es el sector que de forma individual más  energía consume en el país,     representa el 35 % de la matriz   de consumo energético,  la  minería  junto a la industria consumen un 36%. Las compañías de transporte con impactos relevantes en sus resultados financieros – El objetivo de un programa de Eficiencia Energética en las compañías de transporte es la sustentabilidad de sus servicios – Los proyectos o programas de Eficiencia

Energética deben soportarse en la gestión por procesos y seguimiento en base a indicadores – Es crítico el desarrollo y actualización de competencias especialistas en conducción racional y económica del recurso humano estratégico – El Conductor Profesional – Un proyecto de este tipo requiere disciplina en la gestión y el seguimiento de los desempeños.

Históricamente, las preocupaciones globales terminan condicionando todas las relaciones sociales a través de los mecanismos existentes para ello, legislación, regulaciones, protección de mercados, estándares globales, etc. Por lo tanto, podemos imaginar un mundo que avanza decididamente a pautas de consumo radicalmente diferentes, en el que nuevas tecnologías faciliten el uso de fuentes energéticas alternativas, vehículos eficientes y con bajas emisiones de CO2, edificios ecológicos, exigencias de programas de ahorro energético para acceder a los mercados, necesidad de demostrar estándares ecológicos para poder operar en ciertos ámbitos geográficos o centros urbanos, etc. Todo lo anterior nos hace tener la certeza de que en este plano y en lo inmediato, el transporte de carga por carretera enfrenta uno de sus más altos desafíos, principalmente por el enorme impacto que este servicio tiene sobre el medio ambiente y el uso de energía, pero también porque, hasta hoy, en Chile esta industria no ha situado esta realidad al centro de sus preocupaciones.

Es por esto que debemos ver en este escenario una fuente inevitable de nuevas regulaciones, de cambio en las expectativas y requisitos de clientes y de avance de competencia con estándares mayores al respecto, lo anterior junto con plantear un gran desafío, abre enormes oportunidades para quienes estén dispuestos a trabajar en este sentido. Sería miope no ver que en temas medioambientales y energéticos el “ritmo de cambio” aumenta exponencialmente y sería de una ceguera total no visualizar que aquellas empresas de transporte que desarrollen la capacidad de construir su servicio de forma sustentable generarán una ventaja competitiva muy relevante, un elemento diferenciador que incluso determinará, para ciertos mercados, quiénes estarán y quiénes no.

La buena noticia para esta industria es que, así como el transporte genera impactos serios al entorno y es un gran demandante de energía, la potencialidad de desarrollar programas sencillos pero exitosos, capaces de demostrar ahorros energéticos y mejoras en los estándares de emisiones, con un alto impacto positivo sobre el actual estado de cosas, es enorme y debemos colaborar con este desafío desde una primera línea.  Dentro de las prioridades a abordar, desde el compromiso, programas que permitan acercar tecnología, estándares y buenas prácticas globales a nuestros asociados y fomentar una cultura y conciencia de sustentabilidad ambiental y energética en el transporte y la comunidad en general.

“Sería miope no ver que en temas medioambientales y energéticos el “ritmo de cambio” aumenta exponencialmente y sería de una ceguera total no visualizar que aquellas empresas de transporte que desarrollen la capacidad de construir su servicio de forma sustentable generarán una ventaja competitiva muy relevante, un elemento diferenciador que incluso determinará, para ciertos mercados, quiénes estarán y quiénes no”.